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Ceremonia

Música para la ceremonia, momento a momento

El preludio, el procesional, la entrada, el interludio y el recesional: para qué sirve cada pieza, cuánto debe durar y qué tocar, del Ave María a una danza de Morel Campos.

Un cuarteto de cuerdas toca en un patio de piedra iluminado por el sol durante una boda, con un violonchelo en primer plano
Ilustración generada para BodasPR

La música trabaja más que casi cualquier otra cosa en una ceremonia. Les dice a los invitados cuándo acomodarse, cuándo ponerse de pie, cuándo voltearse a mirar y cuándo ha terminado todo. Cada momento tiene una función, y la pieza adecuada depende tanto del tiempo y del tono como del gusto. Aquí está para qué sirve cada uno, con ideas en español y de Puerto Rico, y con las listas de canciones que los lectores han ido reuniendo a lo largo de los años.

Preludio

El preludio suena durante los treinta a cuarenta y cinco minutos antes de la ceremonia, mientras los invitados llegan, buscan asiento y se acomodan. Debe ser tranquilo, elegante y discreto: no es el momento para la música que más te gusta, porque todavía nadie está escuchando con atención. Lo instrumental funciona mejor: música de cámara, jazz suave o versiones instrumentales de canciones que significan algo para ustedes. Calcula entre ocho y doce piezas, y deja que las últimas una o dos vayan creciendo un poco a medida que se acerca la ceremonia.

En una boda civil en una hacienda, en la playa o en un salón, el preludio es el lugar perfecto para un trío de guitarras y boleros. El formato tiene raíz boricua: el Trío Los Panchos se fundó en Nueva York en 1944 con dos mexicanos, Alfredo Gil y Chucho Navarro, y un puertorriqueño, Hernando Avilés. “Sabor a mí”, de Álvaro Carrillo (1959), o “Contigo en la distancia”, de César Portillo de la Luz (1946), crean el ambiente sin pedir protagonismo.

Procesional

El procesional comienza cuando acompañan a sus asientos a las abuelas y a las madres, y continúa mientras el cortejo, padrinos incluidos, recorre el pasillo. Debe ser solemne y lo bastante pausado para caminar a su ritmo, y, sobre todo, lo bastante largo. Calcula unos veinte segundos por persona o por pareja: un cortejo de diez necesita tres o cuatro minutos. Elige una pieza que pueda repetirse con naturalidad o que tus músicos puedan alargar, y acuerden de antemano cómo va a terminar.

Los clásicos siguen funcionando por algo: el Canon en re de Pachelbel, “Jesús, alegría de los hombres” de Bach o el Rondeau de Mouret. Si buscas algo con sello de la isla, mira la sección Con acento puertorriqueño.

La entrada

Un cambio en la música anuncia el momento que todos esperan, y el salón se pone de pie y se voltea. Tradicionalmente es la entrada de la novia; hoy puede ser la de cualquiera de los dos, la de ambos juntos o la de uno y luego el otro. Esta pieza puede ser la más dramática de la ceremonia, ya sea un órgano que crece, una sola voz o la canción que más significa para ustedes, pero necesita un comienzo claro para que el salón sepa que debe levantarse. Muchas parejas pasan de la música del procesional a la de la entrada con una pausa de unos segundos para dar efecto.

La marcha nupcial de Lohengrin, de Wagner, y el Trumpet Voluntary de Jeremiah Clarke son las entradas clásicas. En una iglesia, un Ave María cantado es otra opción: la de Schubert, compuesta en 1825 como “Ellens dritter Gesang”, una canción sobre La dama del lago de Walter Scott, o la que Charles Gounod escribió sobre el primer preludio de El clave bien temperado de Bach.

Unidad e interludios

Los ritos a mitad de la ceremonia, como encender una vela de la unidad, la entrega de las arras, la colocación del lazo o la firma del acta, dejan uno o dos minutos de silencio que la música llena muy bien. Elige algo suave y un poco más corto de lo que crees que tomará el rito; los músicos siempre pueden repetir una frase. Nuestra página sobre la ceremonia de la vela de la unidad explica ese rito con detalle.

El Panis angelicus de César Franck es una elección natural en una boda católica. El texto es de santo Tomás de Aquino, y Franck lo musicalizó en 1872 para tenor, arpa, violonchelo y órgano, una plantilla íntima que se adapta muy bien a voz y guitarra.

Recesional

Ya están casados. El recesional debe ser alegre, animado y reconocible desde la primera nota: el momento en que todo el salón respira y aplaude. Que empiece en el segundo después de la declaración y del beso, para que no haya un silencio incómodo, y asegúrate de que dure lo suficiente para que el cortejo y las familias salgan detrás de ustedes. La marcha nupcial de El sueño de una noche de verano, de Mendelssohn, sigue siendo la más clara de todas.

Con acento puertorriqueño

Una danza para el procesional. La danza puertorriqueña nació en los salones del siglo XIX como baile de pareja, y su estructura parece hecha para un cortejo: la danza romántica abre con un paseo de ocho compases, en el que las parejas daban la vuelta al salón con elegancia, antes de pasar a sus temas. Manuel Gregorio Tavárez (1843–1883), considerado el padre de la danza puertorriqueña, compuso “Margarita” en 1870. Su discípulo más célebre, el ponceño Juan Morel Campos (1857–1896), escribió más de 300 danzas; “Felices días” y “Alma sublime” son dos de las más conocidas. En piano, en cuerdas o con un pequeño conjunto, una danza de Morel Campos marca el paso con la misma solemnidad que Pachelbel y una elegancia que es solo de aquí. Hasta “La Borinqueña” nació como danza, en 1867.

El cuatro. El cuatro puertorriqueño, de diez cuerdas en cinco órdenes dobles, fue declarado en 2003 uno de los instrumentos nacionales de Puerto Rico. Un cuatrista que toque el preludio, o un arreglo de cuatro y guitarra para el recesional, suena a fiesta de la isla sin perder la compostura.

Guitarra y voz en la iglesia. El Ave María y el Panis angelicus funcionan tan bien con guitarra y una buena voz como con órgano, y esa versión íntima encaja en una capilla pequeña o en una ceremonia al aire libre en una hacienda.

Boleros, en su lugar. Los boleros son ideales para el preludio de una boda civil o para la entrada a la recepción. En una iglesia, pregunta primero: muchas parroquias reservan la ceremonia para música sacra o instrumental. Y si sueñas con una salida al ritmo de una plena, el género que nació hacia 1900 en el barrio San Antón de Ponce, con sus panderos, déjala para la puerta de la iglesia o para la llegada a la recepción, donde nadie te pedirá permiso.

Las listas

Cada momento de la ceremonia tiene su propia página con la lista de piezas que los lectores han sugerido a lo largo de los años, con un enlace para escucharlas. Muchos títulos aparecen traducidos al español; si no encuentras una pieza, búscala por el nombre del compositor.


Una nota sobre los templos. Muchas iglesias limitan la música secular durante la ceremonia, y algunas sinagogas y otros lugares de culto tienen sus propias normas. Pregúntale al oficiante o al director de música antes de elegir, y si el templo tiene su propio organista o coro, pregúntale qué le gusta tocar. Para la música después de la ceremonia, consulta la música de la recepción, momento a momento y cómo elegir la canción del primer baile.