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Cortejo

Cómo elegir a tus damas de honor y tu cortejo

Cuántas, a quiénes, cómo pedírselo y quién es quién en una boda puertorriqueña, de los padrinos a los pajecitos, sin que las personas que más quieres terminen resentidas contigo.

Damas de honor con vestidos distintos en tonos salvia y champán, riéndose juntas en unas escaleras de piedra
Ilustración generada para BodasPR

Es tentador pensar en el cortejo como una lista de las personas que más quieres, ordenadas por rango. Así es como se resienten las amistades. El cortejo se parece más a un pequeño comité con una sola misión, cuidar de la pareja y cuidar de los invitados, y las personas que elijas deberían ser las que lo harán bien, las que quieren hacerlo y las que pueden permitírselo.

Quién es quién en una boda puertorriqueña

Antes de elegir, conviene tener claros los papeles, porque en una boda boricua conviven costumbres hispanas y estadounidenses.

Los padrinos y las madrinas de boda. Son familiares o amigos muy cercanos a quienes se honra con un papel en el matrimonio, no solo en la fiesta. Más que testigos, se les escoge para que acompañen a la pareja en la vida de casados, y tradicionalmente algunos ayudaban con los gastos. Que te lo pidan es un honor serio y para siempre. Lo contamos en las tradiciones de bodas puertorriqueñas.

Los padrinos de anillos, de arras y de lazo. En la ceremonia católica, distintos padrinos pueden presentar los anillos, las arras y, si la pareja lo incluye, el lazo. Es una forma preciosa de honrar a más personas sin agrandar el cortejo.

Los testigos. La ley de Puerto Rico exige dos testigos mayores de 21 años, con identificación vigente con foto, según explica el Poder Judicial. Si quieres que firme tu hermana de 19 años, no podrá: elige testigos que cumplan el requisito y dale a ella otro papel.

La madrina. El término cambia según el país, y conviene aclararlo si las familias vienen de tradiciones distintas. En España, la madrina suele ser la madre del novio y es quien lo acompaña al altar, mientras que el padrino suele ser el padre de la novia y guarda los anillos. En México hay madrinas y padrinos para casi cada símbolo: el ramo, los anillos, el lazo, los cojines, la velación y las arras.

Las damas y los caballeros. Son el cortejo propiamente dicho, con la dama de honor principal y el caballero principal, el best man, al frente.

Los pajecitos y las niñas de las flores. Los más pequeños abren el desfile: el pajecito lleva los anillos (mejor réplicas, o los verdaderos bien atados al cojín), y la niña de las flores esparce pétalos por el pasillo. Elige niños con edad suficiente para recorrer el pasillo sin llanto, y ten siempre a un adulto conocido esperándolos al final.

Lo que les estás pidiendo

Conviene ser claro, porque tus amistades querrán saberlo antes de decir que sí. Tradicionalmente, y todavía en buena medida:

La dama de honor principal es la mano derecha de la novia. La ayuda con el vestido, suele organizar el bridal shower y la despedida de soltera, sostiene el ramo durante los votos, acomoda la cola y da un brindis. El día de la boda es la persona a la que la novia le puede pasar cualquier cosa.

El caballero principal hace lo mismo por el novio: organiza la despedida de soltero, guarda los anillos, lleva al novio a la ceremonia a tiempo y sobrio, da el brindis más esperado de la noche y muchas veces se encarga de los sobres para el oficiante y los suplidores. Si tienen la edad, uno y otra pueden ser también los testigos que firman.

Las damas y los caballeros apoyan esos dos papeles: ayudan con los eventos previos, están presentes y disponibles la mañana de la boda, desfilan en el cortejo y, lo más importante y de lo que menos se habla, cuidan de los invitados. El caballero que se da cuenta de que la tía mayor no tiene con quién hablar en el cóctel está haciendo el verdadero trabajo.

En nuestro archivo hay una lista más completa de los deberes de los asistentes.

Cuántos

No hay un número correcto, y los dos lados no tienen que coincidir. De cuatro a seis por lado funciona en la mayoría de las bodas de unos cien invitados; en general, entre tres y diez damas es un rango razonable. Los cortejos muy grandes se ven espectaculares en las fotos y son difíciles de coordinar; en una boda de cuarenta personas con doce en el cortejo empieza a parecer que el cortejo supera en número a los invitados.

Una prueba útil: ¿podrías darle a cada persona algo significativo que hacer? Si la respuesta es no, son demasiadas.

A quién elegir

Elige a personas que seguirás conociendo dentro de diez años. No a todas las personas con las que tienes relación hoy, y desde luego no a todas las que te incluyeron en su boda. No tienes obligación de devolver el favor; una explicación cariñosa y otro papel, una lectura, el libro de firmas, un brindis en la cena de ensayo, honran la amistad sin el costo.

Piensa en lo que cada una puede aportar. Antes de pedírselo, anota de cada candidata qué habilidades tiene y en qué podría ayudarte en la planificación, cuánto tiempo tiene disponible y en qué momento de su vida está. Una amiga que acaba de perder a un familiar o de terminar una relación quizá no tenga ánimo para el papel este año, y no pasa nada.

Piensa en el costo antes de preguntar. Formar parte del cortejo es caro: la ropa, el viaje, una habitación de hotel, los eventos previos, un regalo. Para una amiga que anda corta de dinero, la invitación puede sentirse como una factura. Puedes aliviar la carga, dejar que elija su propio vestido dentro de un color, pagar el peinado y el maquillaje, renunciar a la despedida en otro destino, pero solo si lo has pensado antes de preguntar.

Los hermanos son la opción diplomática y muchas veces la acertada, pero no siempre. Si un hermano o una hermana sería infeliz en el papel, hay otras formas de incluirlos, como ser padrinos de arras o hacer una lectura.

El género ya no es una regla. El mejor amigo de la novia puede estar de su lado; la hermana del novio puede estar del suyo. Llámalos como quieras, o simplemente “el cortejo”, y vístelos a juego con su lado.

El caballero que se da cuenta de que la tía mayor no tiene con quién hablar en el cóctel está haciendo el verdadero trabajo.

Cómo pedírselo

En persona o por teléfono, no en un chat de grupo. Di qué les pides, más o menos cuándo son los eventos y más o menos cuánto costará. Después, dales una salida de verdad: Piénsalo un día; lo entenderé perfectamente si no te viene bien. La amiga que dice que no con honestidad te hace un favor mucho mayor que la que dice que sí y lo resiente durante un año.

Las cajitas de propuesta elaboradas son encantadoras y totalmente opcionales. Lo que la gente recuerda es que se lo pidieron con cariño y con claridad.

Cómo vestirlos

La decisión más útil es decir en voz alta un tope de precio antes de que nadie salga de compras. Después, dales toda la libertad que tus nervios permitan. El mismo color y el mismo largo, con distintos escotes y telas, favorece a un grupo de cuerpos diferentes mucho más que un solo vestido repetido ocho veces, y queda precioso en las fotos. Para los caballeros, el mismo principio vale con el color del traje y la corbata; tenemos ideas en el color ideal del traje del novio.

Cuando algo sale mal

A veces alguien no puede seguir: un embarazo, un trabajo, una crisis familiar, una pelea. Déjala retirarse con elegancia y no la reemplaces a toda prisa; un cortejo desigual se ve perfectamente normal. Si el problema es de comportamiento y no de circunstancias, habla en privado y pronto. La mayoría de los problemas en las bodas vienen de cosas que nadie se atrevió a decir en voz alta meses antes.

Cómo darles las gracias

Dale a cada persona del cortejo un regalo de verdad, algo que vaya a usar en lugar de otro objeto con monograma, y entrégalo en la cena de ensayo, cuando de verdad puedan abrirlo. No olvides a los padrinos, a los pajecitos y a la niña de las flores. Y el día de la boda, busca un momento para darles las gracias uno por uno. Eso lo recordarán más que el regalo.