Los souvenirs son una de las costumbres más antiguas de la recepción —las almendras confitadas de la bonbonnière tradicional se remontan siglos atrás— y también una de las que más se desperdician. Recorre cualquier salón cuando los invitados ya se han ido y encontrarás decenas de chucherías con monograma abandonadas sobre las mesas. Eso no es un argumento en contra de los recordatorios. Es un argumento para elegir los que la gente de verdad quiere llevarse a casa.
Lo que los invitados se llevan
Algo para comer o beber. Casi todo el mundo se lo lleva, y nada se queda acumulando polvo. Miel local, buen chocolate, galletas de una receta de familia, una botellita de aceite de oliva, café de un tostador local, un pedazo de bizcocho en su cajita. En Puerto Rico el café de la isla, unos dulces de coco de la repostería del pueblo o, en una boda de diciembre, una botellita de coquito tienen un sabor que ningún souvenir importado puede imitar. Un antojito de medianoche repartido en la puerta cuando los invitados se van es el recordatorio más agradecido de todos.
Algo útil. Semillas para sembrar, una vela, un frasquito de la mezcla de especias de la cena. Cosas que se usan en lugar de exhibirse.
Algo que solo tu boda podía dar. Una tarjeta con una receta del recetario de la abuela, una lámina con la ilustración de la invitación, una bolsa de café de la cafetería donde se conocieron. En Puerto Rico, la tradición es la capia: un pequeño recuerdo de cinta con los nombres de los novios y la fecha, que se le prende a cada invitado. Consulta las tradiciones de las bodas puertorriqueñas.
Una donación. Una tarjeta en cada puesto que explique que se hizo un donativo a una entidad benéfica en honor a los invitados es un gesto elegante, sobre todo si la causa significa algo para ustedes.
Lo que los invitados dejan
Cualquier cosa impresa con sus nombres y la fecha que no se pueda comer. Marquitos diminutos. Artículos de novedad. Cualquier cosa que haya que armar. Las burbujas y las campanitas, que fueron enormemente populares a finales de los noventa, todavía tienen su lugar, pero para la salida de los novios, repartidas en el camino, no como recuerdo.
La capia es la excepción que confirma la regla: lleva nombres y fecha, y aun así se guarda, porque no es un objeto de regalo sino parte de la fiesta. Se lleva puesta toda la noche y luego aparece, años después, en una gaveta o en un álbum.
Recorre cualquier salón cuando los invitados ya se han ido y encontrarás decenas de chucherías con monograma abandonadas sobre las mesas.
Lo práctico
Uno por familia, no por invitado, es perfectamente correcto, y reduce el costo a la mitad.
Haz un presupuesto honesto. Los recordatorios suman rápido cuando hay cien invitados o más. Si el dinero aprieta, es una de las partidas más fáciles de recortar; consulta cuánto cuesta una boda.
Ponlos donde se los vayan a llevar: en cada puesto, o en una mesa junto a la salida con un pequeño letrero. Pídele a alguien que recoja lo que quede al final.
Hazlos tú misma solo si de verdad lo disfrutas. Nuestras manualidades para souvenirs tienen instrucciones completas para proyectos que van de las rosas de arroz a las bolsitas de encaje, pasando por las cucharas de dulce, las vitelas votivas, los proyectos de vitela, el pomander de diez minutos y los besos de capullo de rosa, pero cien de cualquier cosa toman más tiempo del que crees.
Ideas de parejas reales
Lo que sigue es un pedazo de historia. En los primeros años del sitio, los lectores nos enviaban los souvenirs que estaban preparando para sus propias bodas, y los publicábamos con sus nombres. Son ideas de finales de los noventa y principios de los dos mil, contadas por ellos mismos. Algunas son piezas de época; muchas siguen siendo tan buenas como entonces.
Una lista rápida
Las ideas que más se repiten, de nuestra lista de 25 ideas de souvenirs de boda: velas en macetitas de barro, muestras de vino o de sidra espumosa, barras de chocolate con envoltura personalizada, galletas de la fortuna, burbujas, almendras confitadas, M&M en los colores de la boda, velas votivas, jabón artesanal, cortadores de galletas en forma de corazón, pergaminos impresos, plantitas de árbol, sobres de semillas de flores, marcadores de libros, imanes, saquitos de potpourri, adornos de Navidad y llaveros.
Comestibles
Heidi pegó dos besitos de chocolate a cada cuchara plástica y les puso una etiqueta con un verso de agradecimiento; Jennifer llenó cajitas transparentes de cinco centímetros con chocolates y las usó también como tarjetas de puesto; Silanthi repartió canastitas en forma de sombrero de dama con bizcochitos de frutas. Todas en la lista de souvenirs comestibles.
Velas
Charlotte tuvo una boda de playa y pintó por dentro con aerosol perlado unas macetitas de barro, les puso una vela votiva y pegó por fuera una estrella de mar y unas perlas. Shauna ató con rafia un anillito dorado y una etiqueta a cada vela votiva de cera de abeja, en los colores de su boda de otoño. Más en la lista de velas.
Campanas y globos
Kimberly se casó el día de San Patricio y ató una campanita a cada recuerdo, con una tarjeta que recordaba que, para los irlandeses, trae buena suerte que suenen campanas cuando los novios salen. Más en la lista de campanas y globos.
Semillas, plantas y naturaleza
Erin y su novio, amantes del aire libre, regalaron arbolitos envueltos y atados con cinta. Christine armó sobrecitos de hierbas y especias con una nota sobre su significado en el amor y el matrimonio. Una pareja judía, siguiendo la costumbre de sembrar árboles en honor de alguien, sembró 83 y le entregó a cada invitado un certificado en papel hecho a mano. Más en la lista de souvenirs naturales.
Algo para beber
Jody repartió mini botellas de champán con etiquetas personalizadas, una idea que hoy funciona igual de bien con un ron de la isla o un coquito. Está en la lista de bebidas.
Todo lo demás
Heather hizo jaboncitos en forma de corazón envueltos en tul del color de la boda, con la tarjeta de puesto atada a la cinta. Otra Heather colocó en cada puesto un pergamino que explicaba que, en lugar de souvenirs, habían hecho un donativo a una fundación contra el cáncer en memoria de sus seres queridos. Amy horneó imanes de masa de sal en forma de hojas de roble y de arce y los pintó a mano con colores de otoño. Más en la lista de otros souvenirs.





