Buena parte de lo que ocurre en una boda de tradición occidental se hace porque siempre se ha hecho. Casi todo tiene una historia detrás, y algunas de esas historias son bastante mejores que las costumbres mismas. Aquí están los orígenes de las que con más probabilidad encontrarás, de la famosa frase “algo viejo, algo nuevo, algo prestado y algo azul” al bizcocho, y, cuando la historia es incierta, lo decimos.
La rima
Something old, something new,
Something borrowed, something blue,
And a silver sixpence in her shoe.
“Algo viejo, algo nuevo, algo prestado, algo azul, y una moneda de plata en el zapato.” La rima es inglesa y victoriana: se recogió por primera vez por escrito en 1871, y ya entonces se describía como una costumbre popular. Cada elemento era un amuleto de buena fortuna.
Algo viejo representaba la continuidad: la familia de la novia y la vida de la que venía. Lo que se deja atrás para empezar una nueva etapa, sin romper con el pasado. Puede ser una reliquia familiar, una joya de la madre o de la abuela, el tocado con el que otra mujer de la familia llegó al altar, o un pedacito de encaje de un traje antiguo cosido dentro del nuevo. En Puerto Rico hay una opción preciosa: un pañuelo o un detalle de mundillo, el encaje de bolillos que se teje en Moca, heredado o hecho para la ocasión.
Algo nuevo mira hacia el matrimonio: la nueva vida en común, con su optimismo y su esperanza. Lo más habitual es que sea el vestido, pero puede ser cualquier cosa, de los aretes a los zapatos.
Algo prestado lo prestaba una mujer felizmente casada, con la esperanza de que su buena fortuna pasara a la novia. ¿Conoces un matrimonio que admires en tu familia o entre tus amigas? Pídele prestado un accesorio. Hay que devolverlo: eso también forma parte de la suerte.
Algo azul era por la fidelidad y la pureza; el azul llevaba siglos asociado a la Virgen María, y la novia solía llevar una cinta azul. Hoy casi siempre va escondido: en la liga, en el forro o la suela de los zapatos, en una cinta atada al tallo del ramo o en una inicial bordada dentro del ruedo.
Una moneda de plata en el zapato es el quinto verso, el olvidado, un deseo de prosperidad. La moneda original era un sixpence británico de plata, que dejó de acuñarse en la década de 1960, aunque todavía se puede comprar, y algunas familias se han pasado la misma moneda de novia en novia durante generaciones. Va en el zapato izquierdo. Quien se casa por la Iglesia en el mundo hispano reconocerá la idea: las trece arras son también monedas que hablan de prosperidad compartida.
El vestido blanco
El blanco no fue tradición hasta hace sorprendentemente poco. Durante la mayor parte de la historia, las novias se casaban con su mejor vestido, fuera del color que fuera. El vestido de raso blanco de la reina Victoria en 1840 puso de moda el blanco entre quienes podían permitirse un vestido para usarlo una sola vez, y esa era precisamente la gracia: el blanco era difícil de limpiar y caro de mantener, y hablaba tanto de riqueza como de pureza. Se volvió la norma para la mayoría de las novias solo en el siglo XX. Lo contamos en los vestidos de novia de la realeza y en los vestidos de novia por década.
El velo
El velo es más antiguo que casi cualquier otra parte del atuendo. Las novias romanas llevaban un velo color llama, el flammeum. Con los siglos ha significado modestia, protección contra los malos espíritus que pudieran fijarse en una novia y, en la historia de Jacob, Lía y Raquel, la importancia de que el novio supiera exactamente con quién se casaba; por eso en la tradición judía el novio baja él mismo el velo de la novia antes de la ceremonia, en el bedeken. Levantar el velo después de los votos es un momento de revelación: los dos se miran, ya casados. Si todavía estás decidiendo, consulta los tipos de velos.
La entrega de la novia
La costumbre refleja su origen sin disimulo: la novia pasaba de la casa de su padre a la de su marido. Muchas parejas la reinterpretan hoy: ambos padres acompañan a la novia, o el oficiante pregunta a las dos familias juntas si apoyan el matrimonio y las dos responden. En algunas tradiciones, los dos novios entran acompañados por sus padres; en la boda española tradicional, la madrina, que suele ser la madre del novio, es quien lo lleva al altar.
La novia a la izquierda
En las ceremonias cristianas, la novia se coloca tradicionalmente a la izquierda del novio. La explicación habitual, que así él tenía libre el brazo de la espada para defenderla de los rivales, es encantadora y casi con seguridad se inventó después. Hoy es simple convención, y muchas parejas la ignoran.
El anillo en el cuarto dedo
Los romanos creían que una vena iba directamente del cuarto dedo de la mano izquierda al corazón, la vena amoris, o vena del amor. La anatomía no está de acuerdo, pero la idea se quedó. En buena parte de Europa (Alemania, Rusia, España, Noruega y otros países) el anillo de boda se lleva tradicionalmente en la mano derecha. Las inscripciones del anillo de boda tienen ideas para grabar por dentro.
Muchas de estas costumbres nacieron como protección contra la envidia, la mala suerte o los espíritus, y sobrevivieron como sentimiento.
Las damas
Una de las explicaciones más antiguas es también la más práctica: las damas se vestían como la novia para que ningún espíritu malicioso, ni ningún rival celoso, supiera cuál de ellas era. Sea cierto o no, las novias han ido acompañadas desde la Antigüedad. Cómo elegir a tus damas y tu cortejo explica el papel de hoy.
El ramo
Las novias llevan flores y hierbas desde hace miles de años. Unas eran para la suerte, otras por su significado y otras, en tiempos en que el baño no era diario, por su perfume. Hubo épocas en que se llevaban ajo y eneldo para ahuyentar a los malos espíritus; los victorianos convirtieron el ramo en un mensaje, con cada flor escogida por su significado en el lenguaje de las flores. Nuestro índice de significados de las flores recoge el diccionario victoriano completo.
Lanzar el ramo llegó después, y se dice que sustituyó una costumbre más bruta en la que los invitados tiraban del vestido de la novia para llevarse un pedazo de su suerte. La que lo atrapa será, supuestamente, la próxima en casarse.
El bizcocho
Las bodas romanas terminaban con un pan o torta de trigo o cebada que se partía sobre la cabeza de la novia, como deseo de fertilidad. En las bodas inglesas medievales se apilaban bollitos especiados, y la pareja intentaba besarse por encima sin tumbarlos. El bizcocho blanco de pisos llegó mucho después, y el glaseado blanco, como el vestido blanco, era una demostración de azúcar refinada, que era cara. Cortar juntos el primer pedazo es la primera tarea compartida de la pareja. En Puerto Rico, el bizcocho tradicional lleva su propio sello: humedecido en almíbar, relleno de frutas y cubierto de merengue.
Cargar a la novia al cruzar el umbral
Las explicaciones son muchas: proteger a la novia de los malos espíritus que acechaban en la puerta, evitar el mal presagio de que tropezara al entrar en su nuevo hogar, o como resto de costumbres bastante menos románticas de matrimonio por rapto. Sobrevive porque es divertido, y porque al fotógrafo le encanta.
Quédate con lo que signifique algo
Ninguna de estas costumbres es una obligación. La regla que siguen hoy casi todas las parejas es sencilla: conserva las que signifiquen algo para ti o para tu familia, y deja ir las demás sin culpa. Para costumbres de otras partes, lee tradiciones de boda alrededor del mundo y nuestra guía de tradiciones de bodas puertorriqueñas.





