Al principio, la naturaleza humana no era como la de ahora, sino distinta. […] Cada ser humano era redondo, con la espalda y los costados formando un círculo; tenía cuatro brazos y cuatro piernas, y una sola cabeza con dos caras exactamente iguales, que miraban en direcciones opuestas sobre un cuello redondo. Caminaba erguido, como nosotros, hacia adelante o hacia atrás, según quisiera; y cuando quería correr de prisa, rodaba sobre sus ocho miembros, dando vueltas y más vueltas, como los acróbatas que giran con las piernas en el aire.
Terribles eran su fuerza y su vigor, y grande su soberbia, y llegaron a atacar a los dioses. […] Por fin, después de mucho pensarlo, Zeus dijo: “Creo que tengo una manera de que los hombres sigan existiendo, pero, más débiles, dejen su insolencia: los voy a cortar en dos”. Y así lo hizo: los partió por la mitad, como quien corta las frutas para ponerlas en conserva, o un huevo con un pelo.
Cuando la naturaleza humana quedó así partida en dos, cada mitad, añorando la suya, iba a su encuentro; se echaban los brazos al cuello y se abrazaban, deseando volver a crecer juntas. […] Tan antiguo es el amor de los unos por los otros que llevamos dentro: el amor que reúne nuestra naturaleza primera, que intenta hacer de dos uno solo y sanar la naturaleza humana. Cada uno de nosotros es, pues, la mitad de un ser humano, y busca siempre su otra mitad.
Y cuando alguien encuentra a su propia mitad, la verdadera, los dos quedan maravillosamente sobrecogidos de amistad, de intimidad y de amor, y no quieren, por así decirlo, separarse ni un momento. Estos son los que pasan juntos la vida entera, y sin embargo no sabrían decir qué es lo que quieren el uno del otro. […] El alma de cada uno desea, sin duda, otra cosa, que no sabe decir: solo la adivina y la insinúa.
Imagina que Hefesto, con sus herramientas, se presentara ante ellos mientras están acostados juntos y les preguntara: “¿Qué es lo que desean el uno del otro?”. Y que, al verlos sin saber qué responder, les dijera: “¿Desean acaso ser uno solo, tan unidos como se pueda, para no separarse ni de día ni de noche? Si eso es lo que desean, estoy dispuesto a fundirlos y soldarlos en uno, de modo que, siendo dos, lleguen a ser uno; que mientras vivan, vivan juntos como uno solo, y que al morir, allá en el Hades, sean un solo muerto en lugar de dos”. Ninguno, al oírlo, lo rechazaría: cada uno creería haber escuchado justo lo que desde hacía tanto tiempo anhelaba, unirse y fundirse con el ser amado, y ser uno en lugar de dos.
La razón es que esa era nuestra naturaleza antigua: éramos un todo. Y al deseo y la búsqueda de ese todo lo llamamos amor.
[…] Por eso, si queremos alabar al dios que nos hace este bien, alabemos al Amor, que en esta vida nos conduce hacia lo que nos es propio y nos da para el futuro la mayor de las esperanzas: que, si somos piadosos con los dioses, nos devolverá a nuestra naturaleza antigua, nos sanará y nos hará felices y dichosos.
Traducción de BodasPR
Dónde encaja en la ceremonia
En la mayoría de las ceremonias las lecturas van después de la bienvenida del oficiante y antes de los votos; una segunda lectura puede ir entre los votos y el intercambio de anillos. En una boda civil ante un juez, pregunta con tiempo si puedes incluir lecturas y cuánto pueden durar: esta no tiene contenido religioso.
Más lecturas en este espíritu
- La esperanza es esa cosa con plumas — “La esperanza es esa cosa con plumas”: Emily Dickinson y el pájaro que canta en el alma sin pedir nada a cambio.
- ¿Qué es el amor? — El amor es más que los versos de San Valentín: es aquí y ahora, real y verdadero.
- Sobre el amor (El profeta) — Gibran sobre el amor: “Cuando el amor te llame, síguelo”.
- Sobre el matrimonio (El profeta) — “Que haya espacios en su unión”: el pasaje más leído de Gibran.
- Ninguna mujer estuvo jamás tan cerca de su compañero, de Jane Eyre — “Estar juntos es para nosotros ser a la vez tan libres como en la soledad y tan alegres como en compañía.”
Todas las lecturas para bodas · Lecturas modernas · Cómo escribir tus votos
